Casi siempre decimos que la vida es corta para expresar el deseo de disfrutar el hoy y despreocuparnos del mañana. “La vida es un ratico”, así como el último disco del popular Juanes.
Pero aplicar esa misma filosofía a los asuntos importantes de nuestra existencia puede traernos muchos problemas. Es terrible llegar a la víspera de un examen difícil sin haber estudiado, por ejemplo.
De la misma manera ocurre con el tema de la pensión cuando comenzamos a trabajar. Dejamos eso para más adelante, “cuando seamos mayores”.
¿Cómo va uno a pensar cuánto quiere recibir de pensión el primer día de trabajo?, dirá más de uno. Error. Nunca es más importante plantearse esa interrogante que al comenzar el ciclo laboral.
Ahorrar para una pensión desde edades tempranas (ojalá con un plan voluntario que complemente los otros regímenes obligatorios) le garantiza a la persona disponer de más recursos en el futuro y así no depender de nadie.
Se dice que la pirámide poblacional de Costa Rica está cambiando de unos años para acá, gracias a nuestro sistema de salud y el consecuente incremento en la expectativa de vida. Cada vez hay más pensionados que sostener con los aportes de los trabajadores activos.
No basta con empezar a trabajar y suponer que tenemos garantizada una pensión solo por eso. Es mejor ser previsor y forjar un ahorro extra.
Por desgracia, quienes así lo hacen no son la norma, son la excepción. De los 963 mil trabajadores suscritos al régimen obligatorio de pensiones a diciembre de 2007, menos de 150 mil se encontraban cotizando para un plan voluntario de pensiones.
Es probable que con la baja de las tasas de interés y el frenético fomento del consumo cada vez sean menos. Conviene pensar cómo queremos vivir mañana, y no dejarlo después. Quizás ya sea muy tarde.