Muchas personas saben desde pequeños lo que desean estudiar. A mí, por ejemplo, me picó desde carajillo el rollo de la comunicación y tuve en mi difunta abuela mi primera impulsora. Otros tienen que meterle más “piense” antes de escoger algo que les llene o se enfrentan al dilema de tener más de una opción de su agrado.
Se trata de una decisión que posiblemente marcará su futuro, pero que también tendrá un peso considerable en su presente, por la asignación de tiempo y recursos que requiere.
Siendo así, conviene que tomarse el tiempo para decidir dónde hacer semejante inversión. En las siguientes líneas esbozo algunos –de los muchos— aspectos que deben ponerse en “blanco y negro” antes de dar el paso.
Más allá de saber si la U imparte o no la carrera que usted tiene en mente, considere cuáles otras opciones de “escalabilidad” le ofrece; es decir, si se queda en el bachillerato y licenciatura o abre la posibilidad de maestrías o intercambios con centros en otros países.
Cuando llegue a pedir un trabajo, su potencial patrono querrá conocer dónde estudió y cuál es su experiencia. ¿Por qué usted no habría de proceder igual con su universidad? Investigue si está debidamente reconocida, si la carrera está acreditada e, incluso, si han tenido problemas en el pasado.
La infraestructura es muy importante, yo por ejemplo no estudiaría en una universidad que no tenga al menos una buena biblioteca o un centro de cómputo modero y de fácil acceso. Pero más importante es la estructura y el contenido de la carrera. Pida el plan de estudios y compárelo con el de otras U. Analice las diferencias que puedan existir y pida consejo a profesionales consolidados.
Aún así, desconfíe de todo lo que aguanta el papel. Averigüe cuáles profesores dan los cursos y cuáles son sus atestados para darlos. Conozco casos criminales de recién graduados “impartiendo” clases, o bien, dinosaurios que perdieron todo contacto con la realidad y el mercado hace años.
El profesor es un formador. Quien asuma tan noble y seria labor debe estar capacitado y contar con amplia experiencia.
Cada cuatrimestre nos saturan en televisión, radio y prensa escrita con anuncios de cuanta universidad existe. La publicidad es una promesa hecha al cliente. Verifique que lo ofrecido esté acorde con la realidad y si no es así, demándelo.
Piense en la localización. El desplazamiento no sólo incidirá en los costos, sino que puede tener un impacto en su rendimiento –muchas personas tienen dificultades para llegar a tiempo por las largas distancias entre su casa o trabajo y la universidad—.
Adicionalmente, póngale atención a otros costos ocultos de asistir a una determinada universidad (seminarios, créditos de más, cobro por uso de recursos, etc.).
Como dije, son apenas algunas consideraciones, pero nunca estará de más planteárselas. Su tiempo, su dinero, pero sobre todo, su futuro así lo demandan.