Pese a los muchos prejuicios que existen en torno a la juventud, no fue sino hasta el pasado 19 de febrero que se conoció –de su propia boca- más sobre lo que piensa, hace y espera ese significativo segmento de lo población costarricense.
Ese día se revelaron los resultados de la primera encuesta nacional de juventud, realizada por la empresa Demoscopía –bajo la dirección del Observatorio del Consejo de la Persona Joven- a 2.500 jóvenes de todo el territorio nacional entre los 15 y 35 años.
La iniciativa resultó válida para conocer mejor qué pensamos los jóvenes sobre temas como la familia, la sexualidad, el empleo, la educación, la visión del mundo y el tiempo libre. Pero conocerlo de poco servirá si esa perspectiva no orienta las estrategias y los programas que se supone son para nuestro beneficio.
Por ejemplo, hoy se sabe con más certeza cuán buenos clientes somos de consultas médicas relacionadas con nuestra salud mental; como depresión (10%), ansiedad (6%), estrés (15%), deseos de quitarse la vida (4,3%), intento de suicidio (3,7%) y asuntos psiquiátricos (3,5%).
También que uno de cada diez jóvenes afirma haber sido víctima de humillaciones, insultos, gritos o amenazas dentro de su hogar; así como que un 5% declara haber sufrido agresiones físicas, empujones, jalones de cabello y pellizcos fueron las más citadas.
Uno de los datos más llamativos es que las prácticas sexuales le son familiares a más de tres cuartas partes de los entrevistados, quienes en su mayoría mencionan el periodo entre los 14 y 17 años como la edad de iniciación.
El empleo también es un tema que se las trae. La mitad afirmó encontrarse trabajando, en su mayoría en ocupaciones no calificadas.
Para muchos el dilema de trabajo o estudio no existe. Si no trabajan –de forma parcial o a tiempo completo- no podrían mantenerse en las aulas.
En mi caso, tuve que forjarme una profesión a fuerza de pasar veranos en los hermosos cafetales de Heredia, ayudarle a mi papá en sus contratos de construcción o ser flamante salonero en eventos especiales –los quinceaños eran los favoritos de mi hermano y yo-.
Por desgracia, la encuesta nos muestra que no solo la necesidad de trabajar o el difícil acceso a la educación se interponen entre los jóvenes y el estudio. La principal razón para no estudiar que argüían los muchachos con edades entre los 15 y 17 años fue la falta de interés.
Nos gusta predicar que Costa Rica tiene un ejército de estudiantes, pero parece que la necesidad, la falta de oportunidades y, sobre todo, el desinterés están desangrándolo.