Quienes hemos tenido la experiencia de trabajar y estudiar a la vez, sabemos que es duro pero también gratificante.
Independientemente de si es la necesidad, las ganas de dinero extra o el “fogueo” lo que nos empuja al mercado laboral, es recomendable tener claros los objetivos y las implicaciones de un empleo en tiempos de estudio.
Quizás le sirvan de algo estas experiencias extraídas de la carne propia a la hora de “lanzarse al agua”.
La matemática es una ciencia exacta. Si uno quiere sumarle tiempo al trabajo, tendrá que restarlo de algún lado.
Es fundamental ordenarse para evitar efectos negativos sobre el rendimiento académico. Ningún profesor nos va a dar trato especial por ser trabajadores; y tampoco tiene por qué hacerlo.
Cuando yo comencé fue caótico; a menudo me costaba encontrar alguien que quisiera integrar un grupo conmigo. Me sentía un legítimo paria.
El problema no estaba en los demás, estaba en mí. Me costó mucho pero cambié; traté de llevar las cosas al día y cumplir mejor con ambas obligaciones.
Mi rendimiento, actitud y trabajos actuales han llegado a superar los de algunos compañeros que solo estudian. Si uno se exige más, da más; en algunos casos “llevarla suave” puede ser sinónimo de “dejar los pelos en el alambre”.
Cuando necesite pedir algo al profesor, nunca ponga su trabajo como excusa. Mejor ofrézcale un trato, sugiera hacer algo que compense o exceda lo que usted está pidiendo. Así demostrará que no está buscando “esquinearse” y que su preocupación es genuina
Si tiene la oportunidad, busque trabajar en algo relacionado con su campo de estudio. Es el momento ideal para preferir un empleo por lo que se hace y no por lo que se gana.
La inmensa mayoría de los trabajos son dignos, pero en el caso de no sea relacionado con sus estudios, defínale un horizonte. Conozco gente que ya terminó su carrera y sigue en su “trabajo temporal”, porque no quieren volver a ganarse el “derecho de piso” o porque simplemente les cuesta más insertarse en su profesión –sobre todo si compiten con gente que comenzó mucho antes-.
Entre las cargas que conlleva un empleo está la emocional. Recuerdo cuando llegaba apresurado a clases -con camisa de manga larga y corbata- y encontraba a mis compas poniéndole de lo lindo al “jaqui” en el enzacatado.
A pesar de la envidia que me daba, estoy seguro de que si volviera a tener la oportunidad escogería de nuevo ser estudiante y trabajador al mismo tiempo.