Apreciar los saltos acrobáticos de motociclistas internacionales, desgalillarse con las piezas de Iron Maiden, darse un ride a la playa en Semana Santa, llegarse a la Sabana para disfrutar del FIA, ir la Guácima para ver a Smashing Pumpkings, Incubus y Durán Durán o sencillamente, ver los últimos estrenos del cine.
Los ticos hemos visto cómo las opciones para distraer el ocio –así como su sofisticación y costos- se incrementan tanto como la cantidad de carros en las calles.
Si el entretenimiento tuviera el mismo efecto que las comidas rápidas, los ticos probablemente estaríamos pasaditos de kilos con tanto festín. La mayoría de eventos tiende a ser un éxito (para felicidad de los auspiciosos organizadores).
Pero, surgen entonces las interrogantes de índole pecuniario: ¿cómo resistirse ante semejantes tentaciones? ¿conviene eliminar o restringir el monto destinado para estos fines? ¿cuánto dedicarle al ocio y la diversión?
Cuando los recursos flaquean y las obligaciones apremian, quienes deciden hacer un presupuesto personal con frecuencia asumen como obligatorio eliminar cualquier gasto de diversión. Eso no es sano; todos necesitamos esparcimiento y un presupuesto equilibrado debe contemplarlo.
Lo anterior no significa que la situación de nuestros ingresos y egresos no requiera sacrificios. No siempre nos será posible darnos todos los gustos deseados y el nivel de urgencia dictará la pauta sobre lo que es prioridad.
Sin embargo, incluya un fondo de entretenimiento y respételo. La mayoría de las personas comienzan en tiempos de crisis, pero la idea del presupuesto debería ser permanente y, por lo tanto, es descabellado que en nuestra existencia cotidiana podamos prescindir del necesario disfrute.
Defina también cuánto puede destinar. Algunos expertos opinan que un 5% del total del presupuesto es ideal –a mí se me hace poco, tengo que reconocerlo- todo dependerá de cuánto absorban otros rubros inmediatos. Lo importante es tener claro que si nuestros ingresos son exiguos y una cuarta parte se nos va en asistir a conciertos, bares y estadios, algo hay que hacer.
Por último, considere que no todas las opciones de diversión tienen precio o son caras. Busque el equilibrio; cuando se planifica no todo se trata de manejar dinero.
Salir a caminar, leer un buen libro, participar en un grupo cultural o artístico, ir a un parque o disfrutar una tarde de café y tertulia en casa de un amigo son apenas unos pocos ejemplos de ocio gratis y gratificante.