A pesar de las esperadas “vacas flacas” y los precios récord del petróleo, los ticos seguimos comprando más carros y consumiendo más gasolina.
Con tal de poseer –y mantener— un vehículo, muchos estrujan su presupuesto o se endeudan más de la cuenta. Aún quienes tienen una capacidad adquisitiva holgada deberían tomar parte de la solución a un problema económico, social y ambiental tan serio.
Ese será tema de otra columna. El de esta es convencer a quienes todavía no se convierten en propietarios, para que no lo hagan.
Argumentos sobran. El más obvio es el precio del combustible. Según un informe elaborado por la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA), Costa Rica es el país centroamericano donde se vende más cara la gasolina, seguido por Nicaragua.
Pero no solo la gasolina es cara. Los carros aquí valen un disparate. Por modesto que sea, un vehículo importado pasa a ser un “chuzo” después de pagar los exorbitantes impuestos de internación. Ni eso frena nuestro ímpetu por poner las manos en un volante.
A esto hay que sumar lo que la emoción de principiantes nos impide ver con frecuencia: un carro demanda algo más que gasolina. Si es un “cero kilómetros”, quizás nos libremos de problemas mecánicos por un buen tiempo, pero nos pegarán duro el marchamo y el seguro, así como la costosa revisión de agencia, sin la cual no hay garantía ante desperfectos.
Si es usado, seguro y marchamo bajan de precio, pero sube la provisión para “eventuales” reparaciones y recambios.
Siempre he pensado que un carro es como criar un hijo, solo que en lugar de crecer y hacerse independiente, el carro pierde su valor y cada vez demanda mayores atenciones.
Medidas al alcance
No tendremos el metro de Madrid o el tranvía de Ámsterdam, pero el transporte público nacional, con todos sus inconvenientes, sigue siendo una opción práctica y económica.
Se puede usar el bus para ir al trabajo o la U y asignar un rubro presupuestario para pagar un taxi cada vez que la urgencia lo amerite.
Muchos dicen que con el carro se ahorrarán el dineral que gastan en taxis. Mentira. Mantener cualquier “pichirilo” consume más plata que el más asiduo usuario de taxis.
Quien tiene carro también puede darle un respiro a su billetera –y de paso al planeta y a la economía—. Por ejemplo, cuando salgo con mis amigos trato de ponerme de acuerdo con ellos para pasar a recogerlos o que pasen por mí.
Esta sencilla medida está tomando cada vez más fuerza cuando de trabajo, estudio o diversión se trata. Es conocida como carpooling y solo se requiere que uno se organice con base en horarios y cercanía de destinos.