Estoy convencido de que la iniciativa –personal o colectiva— moviliza nuestro mundo. Y las cosas no suceden allá, lejos, en algún laboratorio de Sillicon Valley, en la India o en Irlanda. Pasan todo el tiempo, a nuestro alrededor.
Las ideas están en todos lados. Son visitantes inesperados. Quizás solo requiramos observar nuestro entorno para concebir alguna. Tal vez la necesidad propia, una problemática que nos atañe, nos obligue a concebir alguna.
Cuando esto pasa, y esa idea –que llegó a nuestra mente de la forma más casual y despreocupada— adquiere matices de oportunidad, novedad o, incluso, genialidad. Entonces nos damos cuenta de que acabamos de encender una poderosa turbina del mundo: el emprendimiento.
Es posible que eso le pasara a Liz, Byron, Catherine, José, Víctor y Victoria. Estos seis estudiantes universitarios, que no superan los 19 años, tomaron una necesidad particular de su cotidianeidad –la de imprimir de forma rápida, en cualquier circunstancia— y decidieron resolverla. El resultado fue 1-2-3 Print, una empresa que actualmente desarrolla un novedoso sistema de impresión, principalmente dirigido a estudiantes universitarios.
Con esa idea ellos participaron en la feria de negocios de su universidad y la ganaron. Accedieron a la posibilidad de representar a la U en la feria de la Cámara de Industrias de Costa Rica y también se alzaron con el sitio de privilegio. El salto siguiente fue presentar el proyecto en una feria de innovación en Alemania y, adivinen qué: también obtuvieron el primer lugar y $20.000 para desarrollar su producto.
Su idea les abrió muchas puertas. Una de ellas fue la de Parque Tec, una incubadora de empresas tecnológicas, donde hoy están impulsando su producto (el cual esperan lanzar al mercado en 18 meses).
Tuve la oportunidad de conversar con ellos. Apenas comienzan sus carreras (Administración e Ingeniería) y ya hablan de su prototipo y su empresa con una pasión que cuesta visualizar en muchachos de su edad.
Eso me puso a pensar en que las ideas no discriminan. Permanecen con su dueño a la espera de que éste crea en ellas, y si no lo hace, es probable que alguien más conciba una parecida y no cometa el mismo error.
Si tiene una idea, déle vueltas. Piénsela como un negocio. Analice su factibilidad en términos de una empresa sostenible y escalable. Puede estar frente a ese posibilidad. Busque asesoría, usted no tiene por qué saberlo todo.
La semana anterior comentaba que en ningún lado está escrito cuando se es demasiado joven para ser jefe. Tampoco he encontrado la “edad ideal” para tener ideas brillantes, susceptibles de ser negocios exitosos. Si comenzamos a cultivar ese pensamiento desde muy temprano, es probable que más pronto de lo que esperamos, seamos nuestros propios jefes.